La riqueza de tiempo es el tesoro que pocos valoran y que todos desean. No se compra ni se acumula: se conquista con decisiones inteligentes y disciplina.
- Libertad de elegir: disponer de horas para crear, viajar o simplemente descansar.
- Calidad sobre cantidad: dedicar tiempo a lo que realmente importa, sin distracciones.
- Presencia plena: estar en el momento, sin correr detrás del reloj.
- Construir recuerdos: el tiempo invertido en experiencias se convierte en la riqueza más duradera.
La abundancia verdadera no está en tener más cosas, sino en tener más tiempo para vivirlas.
Recordá: el tiempo es el único recurso que, una vez perdido, nunca regresa. Quien lo administra con sabiduría, posee la mayor fortuna.


